Simplicidad

Vino a buscarme con su flamante coche nuevo. Aquél que vi en un anuncio y me gustó tanto. Me traía un ramo de 25 rosas. Era mi cumpleaños, 25. Tenía preparado un fin de semana romántico. Me llevaría a París, ciudad del amor, y desde lo alto de la Torre Eiffel se arrodillaría y me pediría la mano. Llevábamos saliendo más de seis años. Yo terminaría pronto mis estudios y él heredaría la empresa de su padre…

¿Mi respuesta?

“Te quiero. Me he enamorado.”

Su expresión cambiaría. Sus ojos se entristecerían. Lo quería con toda mi alma, era cierto, pero no como antes. En otros tiempos hubiese querido rosas, pero no ahora. Prefería girasoles (son más alegres). Y… ¿París? Prefería una solitaria playa en las Baleares… ¿El chico? El camarero de la cafetería donde iba cada día a desayunar. Camiseta negra, tejanos y deportivas desgastadas. Montaba una bicicleta vieja. Eso era todo lo que necesitaba.
Le cogí las manos y le di un último beso de despedida.

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~ por slizeumhe en junio 6, 2011.

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